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El proyecto

«No podemos resucitar animales con un lápiz, pero sí podemos
dibujarlos y contarte la historia de su vida y extinción»

Animales. Ellos son la razón de este proyecto. Por eso decidimos dedicarles lo que cada uno de nosotros mejor sabe hacer. El resultado de este trabajo voluntario podéis verlo aquí, en esta web informativa que presentamos a modo de memoria ilustrada en la que recogemos casos infortunados que retratan la vida y desaparición de algunas especies. Historias que necesitan quedarse enganchadas al conocimiento colectivo para que el paso del tiempo y el olvido no les fuerce a extinguirse por segunda vez.

Si pusiéramos al trasluz las causas de extinción de estos últimos siglos veríamos que los puntos de coincidencia son sorprendentes. No es de extrañar, por tanto, que aunque algunos de los casos que os mostramos sean ya centenarios, nos recuerden inevitablemente al mundo que nos rodea; solo que ahora la biodiversidad se nos escapa a un ritmo demasiado precipitado y ya no cuela achacarlo a la ignorancia. Ojalá este recorrido blanquinegro sea un buen detonante de reflexiones y conclusiones.

Extintos siglo XIX

Hippotragus leucophaeus

El hipótrago azul o antílope azul del Cabo habitaba la región suroeste de la costa del sur de la sabana africana. Es una especie extinta de antílope y se convirtió en el primer gran mamífero de África desaparecido en tiempos históricos. De la evidencia arqueológica y paleontológica se sabe que tuvo una distribución más amplia y era más común hace unos 10.000 años. Los primeros exploradores lo descubrieron en 1774, cuando la especie ya era aparentemente rara. La llegada de los colonos europeos con sus armas de fuego significó el fin de estos animales, en menos de 30 años habían acabado con los últimos ejemplares. Su hábitat comenzó a degradarse debido al cultivo y al sobrepastoreo de los pastizales, la introducción por parte del hombre de ganado especialmente ovino, trajo como consecuencia una reducción dramática de su área de distribución, un hecho transcendental…

Actualizado

Prolagus sardus

Descrito por los autores sardos como un «conejo gigante sin cola», este mamífero lagomorfo de la familia Prolagidae una vez ocupó Córcega, Cerdeña y otras pequeñas islas adyacentes del Mediterráneo. La pérdida del hábitat junto a la depredación y competencia surgida con las especies exóticas introducidas parecen ser las responsables de su extinción. Se cree que los nuráguicos, los antiguos pobladores de Cerdeña, le consideraban un manjar. Algunos autores afirman que la pika sarda todavía vive en estado salvaje en el interior de Cerdeña puesto que se reportaron avistamientos ocasionales, aunque ninguno de ellos ha sido verificado hasta el momento. La última mención fidedigna es la realizada por Cetti en 1774, quien describe a «unas ratas gigantes» muy abundantes en la isla de Tavolara, pero aparentemente ausentes en la vecina isla de Cerdeña. La pika sarda junto a la pika corsa…

Porphyrio albus

Era un ave de la familia Rallidae endémica de la isla australiana de Lord Howe. Algunas fuentes indican que el calamón blanco ya se había extinguido antes de 1830. Las causas principales de su extinción las ocupa la caza masiva cometida por los balleneros que surcaron la zona y la introducción de la rata negra que llegó a la isla a través de los barcos y que depredaba numerosas especies que no estaban habituadas ni preparadas para convivir con ella. En la isla de Lord Howe, la mitad de las plantas y un gran número de animales son endémicos, muchos de ellos, han llegado a la extinción en poco más de 200 años de colonización humana. Es pariente de nuestro conocido calamón común. La familia Rallidae, es una familia de aves que tiende a ver reducida su capacidad de vuelo a lo largo de la evolución, muchas de estas aves han perdido totalmente la capacidad de volar. Cuando estas aves quedan apartadas en islas…

Alectroenas nitidissima

Esta especie era un ave columbiforme y endémica de las islas Mauricio. Su desaparición está relacionada con la destrucción del hábitat –todavía hoy, la principal amenaza de las palomas azules existentes– y la competencia directa surgida con las especies invasoras introducidas por el hombre como, por ejemplo, los macacos comedores de cangrejos. Por otro lado, la caza también pudo mermar la población de estas palomas puesto que, dado su carácter manso, se convirtieron en un blanco fácil para los cañones de los primeros colonos que llegaron a las islas. El primer registro de esta paloma data de 1601-1603. En 1782 se le denominó Pigeon hollandais debido a que los tres colores de su plumaje (rojo, blanco y azul) recordaban a la bandera de Holanda. El último ejemplar confirmado fue abatido de un disparo en Savanne en 1826, aunque la especie pudo haber…

Pinguinus impennis

Fue muy abundante en la época romana a lo largo de las costas del Océano Atlántico, desde Florida a Groenlandia, incluyendo Islandia, Escandinavia, las Islas Británicas, Europa Occidental y Marruecos. Impennis, palabra en latín, se refiere a la falta de plumas destinadas al vuelo (pennae). Precisamente su incapacidad para volar y su torpeza en tierra firme agravaron su vulnerabilidad ante el ser humano que los cazaba para la alimentación, las plumas y como objeto de museos y colecciones privadas. A finales del siglo XVI el alca gigante ya había desaparecido de la Europa continental y en Norteamérica solo abundaba al norte de Nueva York. Fueron víctimas de la caza indiscriminada y de la recolección masiva de sus huevos. Hacia 1800 únicamente podía encontrarse en Islandia, país en el que arribaron dos barcos en 1808 y 1813 coincidiendo con la época del año…

Nueva entrada

Chaetoptila angustipluma

Que la actividad humana deja huellas profundas en los ecosistemas es un hecho incuestionable. Pero si, además, la actividad se concentra en una extensión muy reducida, el impacto se acelera y multiplica generando importantes consecuencias para la conservación de la biodiversidad autóctona. No es de extrañar que las pérdidas que ha sufrido Hawái en cuanto a su avifauna endémica le sitúen como uno de los puntos negros de extinción de especies y subespecies a nivel mundial. Entre ellas está el kioea, un animal de generoso tamaño perteneciente a la familia de las aves cantoras nectarívoras de Hawái y del que apenas se tienen referencias, ni siquiera la cultura lugareña parece mencionarlo; puede, incluso, que ya fuera una especie ‘rara’ antes de que la isla entrara en contacto con los europeos. La expedición estadounidense realizada de 1838 a 1842…

Mustela macrodon

Este mamífero habitó la costa este de América del Norte: a lo largo de la costa rocosa de Terranova, zona marítima de Canadá hasta Maine y Massachusetts. Fue cazado sistemáticamente: primero por los indígenas autóctonos que los capturaban por su piel y su carne. Y luego fue, con la llegada de los europeos a estos nuevos territorios sin conquistar, que su persecución y exterminio para hacerse con su valiosa piel lo condujeron al total aniquilamiento. Y es que el comercio de pieles en Europa durante el siglo XVIII, pero, sobre todo, durante el siglo XIX a raíz de la demanda por parte de las clases medias en ascenso y la falta de leyes contra tal desastre ecológico, contribuyó a que el visón marino se extinguiera sin apenas conocerlo. Dado por desaparecido alrededor del año 1860, aunque se hace referencia a un posible último ejemplar, una hembra, cazada en la isla de Campobello en 1894…

Panthera leo melanochaitus

Vivía en las llanuras herbáceas del Karoo, al suroeste de Sudáfrica. Debemos señalar que existen muchas dudas taxonómicas de si se trababa realmente de una subespecie diferenciada. En cualquier caso, desapareció rápidamente al entrar en contacto con los europeos. Los holandeses y, más especialmente, los ingleses fueron los responsables directos de su exterminio quienes lo cazaban indiscriminadamente por deporte y en represalia por sus ataques al ganado. También contribuyó la creación de asentamientos que acabó con la gran disponibilidad de presas para los leones, bien porque también las cazaban o bien porque las desplazaban al construir las ciudades. En 1865, en Natal, un tal general Bisset abatió al último ejemplar del que se tiene registro. Se describe a los leones del Cabo como los más grandes y con la melena más oscura de todos los leones del África…

Ursus arctos crowtheri

Era una subespecie del oso pardo que habitaba originalmente en la cordillera del Atlas, desde Túnez hasta Marruecos. Se trataba del único úrsido presente en África en tiempos recientes. La caza y la destrucción de su hábitat natural prácticamente lo habían exterminado para cuando se estudió científicamente por primera vez. Este oso se cita en fuentes romanas como «abundante» en la cordillera del Atlas, que en esa época estaba cubierta en su mayor parte por bosques de pinos. También se encuentra representado en mosaicos romanos hallados en la zona y es posible que algunos ejemplares fueran utilizados en los espectáculos venatorios: celebraciones de la Antigua Roma llevadas a cabo en el circo o en el anfiteatro y en el que intervenían animales exóticos y salvajes. El último informe de un avistamiento data de 1867 cerca de Edough, en la frontera entre Marruecos y Argelia…

Coturnix novaezelandiae

Antiguamente la codorniz de Nueva Zelanda o Koreke existía en las dos islas. Primero se extinguió en la isla del Norte, la más poblada de colonos. Su desaparición fue especialmente rápida y dramática: desde la primera ave capturada hasta los últimos ejemplares cazados solo hay 40 años de diferencia. Además de ser pieza de cazadores, las causas de su extinción son imputables a la introducción por parte de los británicos de ratas, cerdos y otros animales domésticos que se ensañaron con las nidadas y con las aves jóvenes, así como la importación de faisanes destinados a la caza que, probablemente, eran portadores de enfermedades letales para la especie. La desaparición de esta codorniz fue silenciosa, en Nueva Zelanda pocas personas saben de la existencia de una codorniz autóctona antes de la proliferación de la codorniz europea introducida por los ingleses. Los últimos ejemplares fueron cazados…

Hoplodactylus delcourti

Kawekaweau en maorí, era una especie gigante de gecko que habitaba en Nueva Zelanda. El último encuentro con uno de estos animales del que se tiene constancia fue a través de un jefe de la tribu maorí Urewera, quien atrapó un ejemplar que vivía bajo la corteza de un árbol muerto. Lo describió «marrón con rayas de color rojizo y tan grueso como la muñeca de un hombre». La única muestra de esta especie fue ‘descubierta’ en el sótano del museo de Marsella, abandonado entre las colecciones, sin registro de sus orígenes ni de la fecha de recogida; estos datos todavía siguen siendo un misterio. Sea como fuere, el gecko que llegó a las vitrinas del museo de Marsella se convirtió en el holotipo del mayor gecko conocido (espécimen utilizado como modelo durante la primera descripción científica, a partir del cuál se fijan las características que definen el taxón de la especie). El hecho de que el jefe maorí lo…

Camptorhynchus labradorius

Habitaba en zonas de Canadá y Estados Unidos. No se conoce con exactitud pero es probable que nidificara en zonas remotas a lo largo del Golfo de San Lorenzo y de la Costa de Labrador en Canadá. Sí se sabe que se extinguió en tan solo 89 años y que su población disminuyó drásticamente entre los años 1850 y 1870. Las causas que le llevaron a la extinción son difusas. La caza con armas de fuego y las trampas colocadas en sus lugares de invernada fueron, sin duda, factores determinantes. Puede ser que se les cazara no tanto por el alimento –su carne se describía de mal sabor– sino para comerciar con sus plumas. También puede derivar de una recolección masiva de sus huevos. Otra causa pudo haber estado relacionada con la disminución de los mejillones y otros moluscos de los que se alimentaba debido al crecimiento humano e industrial de la zona. El último ejemplar confirmado se cazó en 1875…

Dusicyon australis

Esta especie de cánido fue el único mamífero terrestre del Archipiélago de las Malvinas, de ahí que también se le conociera como zorro malvinero. Las islas eran su hábitat exclusivo y se componía por pastizales, turbales y costas oceánicas. Tal y como el propio Charles Darwin pudo confirmar en su visita a la isla en 1833, se trataba de un animal extremadamente manso con los humanos, pero esa confianza y docilidad a menudo se confundía con ‘ataques’ y pasó a ser un animal estigmatizado y tildado de peligroso. Tanto es así que algunos gobernadores ingleses ofrecían recompensas por cada ejemplar. Hasta el momento, el guará era el único depredador de la isla y no sentía temor por los los humanos, hecho que agravó su situación dado que su carácter confiado lo convertía en un animal fácil de matar, de modo que las cacerías dirigidas por los ocupantes británicos no tuvieron dificultad en…

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