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1989 Sapo dorado

Sapo dorado Sapo de Monteverde

Imagen: artimalia.org; Dibujo: Raúl Rodríguez mosiq; CC–Atribución–No Comercial–Sin Derivadas

Nombre científico: Incilius periglenes.
Reino: Animalia. Filo: Chordata. Clase: Amphibia. Orden: Anura. Familia: Bufonidae.

Texto actualizado

Este anfibio anuro era originario de los bosques húmedos tropicales de la Reserva Biológica del Bosque Nuboso de Monteverde, en Costa Rica, en una pequeña región de menos de 10 km² que justifica su segundo nombre: sapo de Monteverde. Poco más de dos décadas hay de diferencia entre su descubrimiento en 1966 por el herpetólogo Jay Savage y el último avistamiento de un macho solitario acreditado por la ecologista y herpetóloga Martha Crump, en 1989. Un proceso de desaparición tan brusco que queda patente en los documentos de seguimiento donde se indica que de los 1.500 sapos registrados en 1987, sólo cinco se contabilizaron en 1988 y un único ejemplar en 1989. Los datos climatológicos recogidos en la zona en 1987 detectan un aumento del calentamiento de las aguas así como un bajo nivel de precipitaciones, lo que produciría la desecación de los huevos. 20 de las 50 especies de sapos y ranas anuros localizados dentro de un área en torno a los 30 km² en Monteverde sufrieron en 1987 esta caída poblacional y no han mostrado signos de recuperación.

La desaparición del sapo dorado es un ejemplo del grave descenso a gran escala que están sufriendo los anfibios durante las últimas décadas, y que les ha llevado a ser considerados como el grupo de vertebrados más amenazado del planeta. Aún así, las causas de la extinción de esta especie siguen siendo inciertas. Su desaparición fue primero atribuida a los efectos del cambio climático, a partir de los trabajos de Martha Crump y colaboradores. El biólogo australiano Tim Flannery afirmó que la extinción del sapo dorado «era la primera desaparición de una especie derivada principalmente del calentamiento global». Sin embargo, nuevos estudios han cuestionado esta hipótesis, sugiriendo otras posibles causas de su declive y extinción como: la polución del aire; su vulnerabilidad natural debida a su limitada área de distribución; la introducción de especies no nativas en Costa Rica o el impacto del turismo y el comercio de especies exóticas. El reciente descubrimiento de una nueva enfermedad propia de los anfibios, la quitridiomicosis, que ha causado extinciones o serios declives poblacionales en todo el mundo, ha señalado también al hongo causante de esta pandemia como un posible culpable de la desaparición del sapo dorado.

La especie mostraba dimorfismo sexual extremo, mientras que los machos adultos presentaban una distintiva, lustrosa y brillante coloración naranja-oro, las hembras eran de color oscuro y con la piel moteada de manchas rojas y amarillas. Los machos, con apenas 5 cm de largo, tendían a ser ligeramente más pequeños que las hembras. En los sapos jóvenes, sin embargo, los sexos no podían determinarse porque eran de apariencia muy similar.

Se cree que el sapo dorado hibernaba bajo tierra gran parte del año. Sólo se dejaba ver en el mes de abril, durante la época de apareamiento, cuya duración era de pocas semanas, cuando el bosque se tornaba más húmedo. Los machos se congregaban en charcos a la espera de la llegada de las hembras y luchaban entre sí por la oportunidad de reproducirse. Tras la contienda, los sapos regresaban a sus refugios subterráneos. Un promedio de 228 huevos quedaban depositados en estos charcos temporales y, dos meses después, se transformaban en renacuajos. El 15 de abril de 1987, Martha Crump tuvo la gran fortuna de poder observar uno de estos rituales de apareamiento y describió la experiencia en su libro In Search of the Golden Frog. Contabilizó un total de 133 sapos apareándose en un pequeño charco. Cinco días después atestiguó como el charco se estaba secando «dejando los huevos disecados y cubiertos de moho» y apuntó los efectos de la corriente El Niño, primero, y del cambio climático, después, como principal causa. Los sapos intentaron aparearse nuevamente en mayo. De los 43.500 huevos, Crump sólo pudo encontrar 29 renacuajos que sobrevivieron al secado del suelo del bosque.

Como dato curioso y paradójico, durante el periodo entre su descubrimiento y desaparición, este anfibio era motivo de carteles publicitarios que promocionaban la biodiversidad de Costa Rica.

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