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1929 Asno salvaje sirio

Actualizado
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Imagen: Artimalia | Dibujo: Asun Parrilla | ©All rights reserved

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Nombre científico: Equus hemionus hemippus.
Reino: Animalia. Filo: Chordata. Clase: Mammalia. Orden: Perissodactyla. Familia: Equidae.

El asno salvaje sirio tiene el dudoso honor de ser la única subespecie de asno salvaje asiático que ha sido exterminada, si bien no es el único taxón de asno salvaje en extinguirse, pues también se extinguió el asno salvaje europeo (Equus hydruntinus), parece que este último desapareció por causas naturales.

Los asnos salvajes forman un grupo de equinos llamados ‘estenónidos’, que está formado por el asno salvaje asiático, el asno salvaje africano y las cebras, y en oposición a los equinos ‘caballoides’, que comprenden los caballos domésticos y los salvajes, así como toda su ascendencia.

El asno salvaje asiático tiene una amplia área de distribución desde los confines orientales de Mongolia y China hasta el Mar Mediterráneo en Occidente, y se han definido cinco subespecies:

Asno mongol, o Dzigettai (Equus hemionus hemionus).
Asno turcomano, o Kulan (E. h. kulan).
Asno indio, o Khur (E. h. khur).
Asno persa, o Gur (E. h. onager), de donde viene el término «onagro».
– Y finalmente, el extinto asno sirio (E. h. hemippus).

Inmediatamente, la pregunta salta: de entre cinco subespecies de asno salvaje, ¿por qué precisamente fue erradicado el sirio y no los demás, o algún otro?. Como siempre sucede, para entender el presente tenemos que entender previamente el pasado.

El origen del asno salvaje es mal conocido debido sobre todo a la relativa escasez de restos paleontológicos de ejemplares antiguos. Así, la relación genética entre el asno salvaje europeo y el asiático no queda clara, teniendo en cuenta que hay evidencias de que el asno salvaje asiático vivió incluso en Europa durante el Pleistoceno Superior. Por otro lado, se baraja tanto un posible origen africano como un posible origen centroasiático del actual asno salvaje asiático, ambas dos posibles y probables.

En cualquier caso, el asno salvaje sirio se diferenció taxonómicamente debido al aislamiento de su patria: el Oriente Medio desde Palestina hasta Iraq, y desde Siria hasta Arabia. Toda esa vasta llanura de Asia sudoccidental está encajonada entre el Mediterráneo al oeste, los Desiertos de Arabia al sur, la Meseta de Anatolia al norte y la Meseta de Irán al este. De hecho, cada uno de estos límites estaba ocupado por una especie o subespecie particular de asno salvaje: el africano al oeste, el europeo al norte y el persa al este. Así fue cómo se forjó la subespecie siria: aislada en un duro entorno de semidesiertos y estepas áridas.

Su pariente más cercano es la subespecie iraní, pero más concretamente la población de la zona caucásica-iraní.

¿Cómo era el asno sirio?

Se trataba del equino más pequeño de todos, con una altura hasta la cruz de apenas 1 metro. No obstante, los ejemplares prehistóricos y de la Edad del Bronce recuperados de la zona norte de su área de distribución, hacia Anatolia, nos muestran ejemplares más grandes que los modernos y más sureños. Posiblemente hubo dos morfotipos, que variaban en tamaño según la Regla de Bergmann, más grandes cuanto más al norte y más frío el clima, y más pequeños cuando más sureños y bajo clima más cálido.

Presentaba dos capas –color del pelaje– dependiendo de las estaciones: oliva durante el verano, y arena pálido durante el invierno. Este animal jamás fue domesticado, y tenía fama de tener un carácter indomable.

El asno salvaje sirio vivía en una estepa-pastizal árido o semiárido que, en Siria, llaman Al-badia. Se trata de un lugar extremo, con precipitaciones irregulares y erráticas: dependiendo de la temporada, puede caer mucha lluvia o demasiado poca. Las sequías son frecuentes y extremas, así como las altas temperaturas. Pero también puede haber inviernos gélidos en los que la precipitación puede caer en forma de nieve.

El asno sirio estaba adaptado a este duro entorno, viviendo de los magros matorrales y resecos pastizales a su disposición. Este entorno también podía mantener otros herbívoros como las gacelas, los órices o las avestruces. Y, a su vez, el asno era depredado en tiempos históricos por el león asiático, el guepardo asiático, el leopardo árabe, el oso pardo sirio, la hiena rayada, el lobo gris o el tigre del Caspio.

Fíjese el amable lector que, de todos aquellos depredadores del Desierto sirio, hoy solo sobreviven las hienas rayadas, ya que el lobo árabe y el leopardo árabe han sido empujados a inhóspitos rincones más al sur, mientras que osos, tigres, leones y guepardos han sido exterminados de la región. Incluso el avestruz también fue, en su momento, erradicada de esta región de Asia, su último refugio fuera de África. Esto nos da ya una pista de por qué fue exterminado también el asno salvaje sirio.

¿Qué sucedió en esta región que no sucedía en otros lugares?

El ser humano también vivía y vive en el Desierto sirio. Los beduinos han surcado aquellas soledades durante milenios montados en sus dromedarios, verdaderos barcos que surcan un océano sin olas. Y, contrariamente a lo que pudiera suponerse, esta región de la Al-badia, la estepa siria, era la zona con mayor concentración ganadera de toda la región, toda vez que ofrecía los únicos escasos pastos disponibles. Allí, los beduinos apacentaban sus ovejas y sus cabras, único ganado capaz de sacar partido de tan duro lugar.

Pero no solo eran pastos lo que buscaban los beduinos. También arrancaban los matorrales más grandes para aprovechar su madera en las hogueras. Digámoslo claramente: los herbívoros silvestres locales hacían la competencia al ganado beduino, una competencia feroz por unos pocos pastos y matorrales disponibles. Y aquí, topamos con el motivo. Los beduinos comenzaron a liquidar a la competencia hasta tal extremo que, hoy en día, no queda en la región ninguno de los grandes herbívoros que antes pastaban en la zona.

Durante los siglos XVI y XVII, viajeros europeos por la región aún reportaban grandes manadas de estos asnos salvajes, pero la caza se había intensificado durante los siglos XVIII y XIX, y se cree que la Primera Guerra Mundial debió dar la puntilla a una población ya muy debilitada, pues en Oriente Medio hubo dos frentes de guerra: uno en Arabia–Palestina liderado por los rebeldes hachemitas, y el frente oriental en Iraq, en el que las tropas británicas luchaban contra los turcos de Mesopotamia. Sin duda, la guerra incrementó la necesidad de pastos para el ganado y tal vez el asno salvaje era una fuente de carne interesante para aquella turbulenta época y región.

El último ejemplar conocido en libertad fue abatido en 1927, en Al-Ghams, cerca del Oasis de Azraq, en lo que hoy es Jordania. Pero el último de los ejemplares de esta subespecie única murió en 1929, un macho mantenido en cautiverio en el Zoológico de Schönbrunn, en Viena, y que había sido capturado en las cercanías de Alepo.

Hoy día existen proyectos de restauración de la presencia del asno salvaje en Oriente Medio. En 1968 y 1969 llegaron a Israel los primeros asnos salvajes iraníes –la subespecie más cercana al sirio– y turcomanos, que incluso se han hibridado entre sí, en la Reserva de Yotvata, en el Desierto del Negev.

En cuanto a Siria, existían planes para la restauración ecológica de la vida salvaje en la estepa oriental, pero la guerra civil ha dado al traste con estos planes. En cualquier caso, bienvenidos de nuevo los asnos salvajes a los desiertos árabes y sirios… Pero, lamentablemente, la subespecie hemippus no volverá jamás.

 

> Este texto es una colaboración del compañero Eugenio Fernández, autor del blog Crónicas de Fauna.

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