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1883 Quagga

quagga

Imagen: artimalia.org; Dibujo: Amaya Oyón; CC–Atribución–No Comercial–Sin Derivadas

Nombre científico: Equus quagga quagga.
Reino: Animalia. Filo: Chordata. Clase: Mammalia. Orden: Perissodactyla. Familia: Equidae.

Actualizado

Esta variedad única de la cebra se extinguió por completo en estado salvaje en torno a 1870. Eran especialmente abundantes en el Karoo, meseta semidesértica situada en la Provincia Occidental del Cabo, y en las llanuras herbáceas del sureste de Sudáfrica. En el siglo XIX, Sudáfrica era conocida como ‘El Paraíso de los Cazadores’, y los quagga, al igual que el resto de animales del territorio, sufrieron las consecuencias. Sin descartar una posible vulnerabilidad debido a su distribución limitada, los quagga, además, eran fáciles de localizar y fáciles de matar dado su carácter dócil, por lo que rápidamente se convirtieron en presas para obtener su carne y su piel, estas pieles eran comercializadas o se utilizaban a nivel local. Durante la ocupación, también fueron perseguidos y cazados sin discreción por los colonos holandeses porque, al tratarse de animales pacedores,  ➤  competían con sus animales domésticos, como cabras y ovejas, así que entraron a formar parte de un plan de exterminio cuyo objetivo era eliminar las grandes manadas que interfiriesen con su ganado. Esta liberación de las zonas de pasto se tradujo en la matanza de miles de quaggas hasta su total aniquilación. Para la década de 1850 ya había desaparecido gran parte de su población salvaje. La última manada en la naturaleza se extirpó a finales de 1870 en el Estado Libre de Orange. El último quagga libre conocido cayó en 1878.

Algunos ejemplares fueron capturados individualmente para ser enviados a Europa y poder cubrir la demanda de los zoológicos que estaban ansiosos por exhibir estos mamíferos salvajes; es por eso que todo el material fotográfico disponible son instantáneas de aquellos individuos vivos mantenidos en cautiverio. El quagga del zoológico de Londres murió en 1872 y el de Berlín en 1875. Años más tarde, fallecía el último quagga sin que nadie fuera consciente de ello. En aquel momento, nadie sabía que la hembra hallada sin vida en las instalaciones del zoológico de Amsterdam significaba el final de toda la subespecie. El animal vivió allí desde el 9 de mayo de 1867 hasta el 12 de agosto de 1883, pero tanto su origen como las causas de su muerte no quedaron registradas. Aparte de 7 esqueletos completos, secciones del animal y muestras de diversos tejidos, existen 23 quaggas disecados repartidos por las vitrinas de museos de todo el mundo.

Su nombre procede de la lengua de los khoikhoi (hotentotes), uno de los pueblos subsaharianos más antiguos del mundo, y es una adaptación del sonido singular que emitía este animal: kwa-ha-ha. En aquella época se utilizaba la palabra «quagga» para denominar a todas las cebras, generalización que se mantiene hasta nuestros días, especialmente en las lenguas africanas. Debido a la confusión generada por el uso indiscriminado del término, no se supo, hasta años después, que la hembra que había muerto en el zoológico de Amsterdam representaba el último ejemplar del mundo. El problema fue que este error en la denominación pudo impedir que se tomaran medidas urgentes para protegerlo: que a todos se les llamara «quagga» hizo pensar que todavía quedaban poblaciones de estos animales, pero, lo que sucedía en realidad es que se había acabado con ellos de forma definitiva.

Deseoso de domesticar al quagga, Lord Morton inició sus experimentos siguiendo un programa de cría en cautividad. Algunas fuentes señalan este hecho como un intento altruista por salvar la subespecie, pero parece que lo que verdaderamente pretendía el señor Morton era posibilitar a los europeos la colonización del continente a lomos de un caballo híbrido que se adaptara mejor a las condiciones africanas. Tanto los colonos como sus caballos tuvieron que enfrentarse, entre otras, a la enfermedad del sueño, y las cebras y los quagga eran inmunes en gran medida a esta enfermedad. Parece que Morton tuvo detrás a un grupo de europeos interesados en que lograra crear un animal cruzado más resistente, pero al igual que las cebras, los quagga eran tenaces y prácticamente indomables.

El quagga fue el primer animal extinto del que se extrajo ADN para ser analizado. Con el estudio de 1984 se llegó a la conclusión de que genéticamente era más semejante a las cebras que a los caballos. Durante mucho tiempo se pensó que constituía una especie aparte debido a la peculiar coloración de su pelaje, pero los últimos análisis genéticos han demostrado que es una subespecie de las cebras de planicie localizadas en las zonas más meridionales y se considera particularmente cercano a la cebra de Burchell (Equus quagga burchellii). A pesar de estos hallazgos, todavía existen autores que mantienen al quagga y a la cebra común como especies separadas.

Si había algo que le distinguiese del resto de cebras, ese era su patrón limitado de rayas que se alternaban entre el pardo rojizo y el blanco y que recorrían la parte frontal de su cuerpo: cara, cuello, crines y costado. Las rayas iban difuminándose hasta desaparecer en su parte posterior, es decir, que tanto el lomo como los cuartos traseros eran completamente lisos, similares a los de un caballo. La distribución de las rayas podría considerarse una seña de identidad porque variaba notablemente entre individuos. Vientre y patas eran enteramente blancos. El quagga tenía una altura de 1,30 m hasta la cruz y 2, 57 m de largura. En estado salvaje podía alcanzar los 40 años de edad. Apenas se sabe de su comportamiento, pero es probable que, al igual que las cebras y los caballos, también conviviera en manadas de 30-50 miembros dirigidos por un macho dominante. Los individuos establecían vínculos sociales muy fuertes. Durante el día, la manada se desplazaba en busca de hierba larga y, por la noche, regresaban a los pastos de vegetación más corta.

Actualmente existe un plan de cría selectiva de cebra de planicie que se asemeja a la apariencia del quagga extinto. El proyecto se inició en 1987 con el fin de reunir una población suficiente para luego liberarla en el área de distribución de origen: el Cabo Occidental. No deja de ser una práctica controvertida porque las cebras resultantes de este proyecto sólo se asemejan a los quagga en su apariencia externa, pero genéticamente son diferentes. Afortunadamente, al no existir células vivas disponibles, el quagga no puede ser clonado. Así no habrá tentaciones de quebrantar el orden natural de la vida.

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